
Nuevamente, durante el recordatorio de una fecha fatídica en nuestro país – y no precisamente por los autoproclamados defensores del gas – los movimientos sociales articulados en la maraña de intereses de la ciudad de El Alto, han mostrado su verdadera cara siniestra, ese rostro enhito de odio y revanchismo contra cualquiera que se convierta en su objeto de persecución y estigma. Atacaron, saquearon, quemaron y destruyeron impunemente ante la mirada pérfida de la autoridad, aquellos lugares que consideraban estaban sirviendo de sitio de prostitución para sus virginales vástagos.
No solo recordé escenas del 2004, cuando en La Paz, la ciudadanía se vio sitiada por grupos anarquistas y la indecisión del Presidente que lo llevo después a una estrepitosa caída, si no de la Kristalnach o noche de los cristales en la Alemania nazi, fecha en la cual los grupos de las juventudes hitlerianas, las SS y las SA, atacaron y saquearon negocios, hogares y sinagogas, todo bajo una atmosfera de impunidad ante las autoridades.
Ese es el estado comunitario que propone El Alto, y que se sintetiza en la idiosincrasia arcaica aymara, de categorización en opuestos, de la definición de lo bueno y lo malo, y su necesaria aniquilación sin mayor análisis o posibilidad de replica – llámese defensa o debido proceso – de aquello que cae en la apreciación de diferente y negativo, hoy fueron las putas, mañana pueden ser los lustrabotas, los micreros, los blancos, los homosexuales, en fin, cualquier grupo contestario que se oponga a sus sabias decisiones.
¿Quién nos protege contra esta efervescencia bestial?, ¿Quién nos garantiza el mas mínimo ejercicio de nuestros derechos bajo este esquema de cosmovisión tan apegado a las ejecuciones publicas, las quemas de posibles maleantes, el ultrajo, la ponzoña y el odio?, nadie si no nuestra propia fuerza y capacidad de demostración de que acá señores, en Santa Cruz, y en muchos otros lugares de Bolivia, tenemos dignidad, inteligencia e independencia, que en esta zona Bendita de Sur América - por que a la Patria de los Andes no le debemos nada- todavía impera un sueño de paz, prosperidad e igualdad, que mientras en otros lados compiten con los peores niveles de salvajismo que una sociedad organizada puede mostrar, acá nos preocupa el trabajo, el seguir forjando lo que hemos logrado, una Santa Cruz prospera y vigorosa.
Que Dios nos proteja de las turbas alteñas anhelantes de imponer sus propios estándares de justicia y sociedad, que nos de la fuerza necesaria de enfrentarlas si el día de mañana hozan con mancillar nuestra tierra – mas de lo que ya esta – y finalmente mis pésames a las putas, putos y travestis, que van a tener que buscar nuevos lugares en la protección de la noche para el ejerció de su noble oficio – que mas noble que dar placer a otro desconocido – mis pésames, Jochanan
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