



UNA TENDENCIA IMPORTADA DE NUEVA YORK: JÓVENES JUDÍOS QUE REIVINDICAN SU IDENTIDAD MÁS ALLÁ DE LO RELIGIOSO
Por Diego Rojas / Revista VEINTITRES - ARGENTINA
Son hombres y mujeres atravesados por el psicoanálisis y las tendencias más
modernas de la cultura contemporánea. Hacen del laicismo uno de sus principios y se consideran tan judíos como el que más. Y no hay quien les gane en el fanatismo por las comidas de la bobe. Lejos de los requerimientos que los rabinos más ortodoxos plantean a la identidad comunitaria, un sector importante de la colectividad practica esta nueva forma de ser judío: la modalidad koolsher.
En el último festejo del Pésaj (la Pascua judía), más de diez mil personas cortaron las calles más representativas de Palermo Soho, degustaron los platos que compitieron en el concurso del mejor guefilte fish y presenciaron un recital de música klezmer de última generación comandado por César Lerner y Marcelo Moguilevsky. Los organizadores lo bautizaron Pésaj Urbano. Y reemplazaron la cocina de autor palermitana por unos varenikes recién preparados, los pancitos horneados con especias por la sutil matzá. y los tragos de moda por botellas de vino kosher. ¿Quiénes componen esas multitudes de judíos orgullosos que no usan kipá? ¿Quiénes compran remeras con inscripciones como "Orgullo goy", 'Ahora sentimos coolpa" o "DJ Mome"? ¿Quiénes devoran el tradicional pan de pescado judío pero pocas veces pisaron la sede de Hebraica? Los judíos koolsher.
Koolsher es un juego de palabras que combina el término "cool" (que designa a la forma más moderna de ser modernos) con la palabra "kosher" (las comidas preparadas según el ritual judío). Es el nombre de una tendencia instalada con fuerza en la colectividad local. Tiene su origen en la ciudad de Manhattan, donde sus integrantes también se hacen llamar jewcy, es decir, judíos jugosos. Hace algunos años, los diseñadores Jon Steiger y Jennie Weiner lanzaron al mercado unas remeras con la inscripción Jewcy, que rápidamente se convirtieron en objeto de furor por parte de la población joven de Manhattan. La combinación de juventud, glamour, modernidad y apertura de ideas marcó el nacimiento de esta tendencia. Los iconos koolsher por excelencia son Sigmund Freud y Woody Alien. Sarah Jessica Parker, protagonista de la serie Sex and the Cíty, se convirtió en el icono de la nueva identidad judía neoyorquina. La adhesión de Madonna a la práctica de la Kabbalah -el estudio de los libros sagrados del judaismo- sumó fanáticos a la causa. Ser judío se puso, índicamente, de moda. Algo que condenan los rabinos ortodoxos.
Sin embargo, hasta en la vertiente más tradicional se cuelan representantes del judaismo "banana". El cantante Matisyahu, judío ortodoxo, rota sus videos en la MTV donde se lo puede ver surfeando con la típica barba y las trencitas al son de la música reggae.
IDENTIFICACIÓN. Esta movida enseguida pegó fuerte en Buenos Aires, ciudad con una gran población judía y, además, saturada de psicoanalistas. Uno de los exponentes locales es Alan Faena, de origen judío sefaradí. Los organizadores del Pésaj Urbano son un colectivo de miembros de la colectividad autodenominados Yok, que decidieron agruparse para debatir las nuevas maneras de expresar la identidad judía. "Para Yok no hay una sola forma válida del judaismo -explicó la nina Grimblat, una de sus fundadoras-. Hay muchísima gente que se siente judía y que no está ligada por el tema religioso, sino que su identificación es cultural."
Yok (cuyo nombre es el resultado de la contracción de "yo" y "ok" y que apela a su similitud con la palabra "shock") organiza un ciclo de debates denominado Posjudaísmo, que pone sobre el tapete miradas actuales sobre temas como el dinero, el conflicto árabe-israelí, el antisemitismo. Realzan las charlas en el Chacarerean Teatre de Palermo Hollywood, a sala llena. Esas actividades no evaden las polémicas ni los enfrentamientos, ya que reinventar una identidad puede llegar a ser una tarea espinosa.
“Lo posjudío sostiene la palabra judío; no la supera, no la reemplaza. Se erige frente a los que creen que el judaismo es una caja cerrada, excluyente y demarcatoria -dijo Darío Sztajnszrajber, moderador de los debates-. Yo soy un judío militante del judaismo y también soy un ateo militante del ateísmo."
Regina "Rivka" Glagovsky, ganadora del concurso de guefilte fish en el Pésaj Urbano, coincide: "No tengo ninguna relación con la parte religiosa, pero sí con la tradición. No creo que ese sea el único camino que conforme al hombre. Yo me siento muy judía al ser buena persona". Laura Yaser, psicoanalista a quien el jurado otorgó el premio a la mejor mesa de Pésaj, aseguró: "Me identifico con Sigmund Freud, que no era practicante pero siempre sostuvo que era importante conocer los recorridos del judaismo".
TIEMPOS MODERNOS. En una escena de la película Esperando al Mesías, de Daniel Burman, el protagonista Ariel es interpelado por una mujer que le dice: "Nosotros tenemos mucho en común: vos sos judío y yo soy gay". Ariel, interpretado por Daniel Hendier, se pregunta entonces: "¿Me habrá dicho queera goy o que era gay? Y, en todo caso, ¿qué tiene que ver ser judío con ser gay?". Sin embargo, para los integrantes de Keshet, una organización de gays y lesbianas judíos, tiene que ver, y mucho. "En principio, ser gay y ser judío se emparientan por que las dos son condiciones minoritarias en esta sociedad", dice Walter, diseñador de una importante casa de ropa masculina, integrante del grupo. "Intentamos mostrar que existe una subcultura judía y gay y queremos que se conozca. Trajimos a un rabino gay de Nueva York que está dentro de un movimiento que se llama modern orthodox. Su nombre es elocuente: plantea una nueva forma de vivir el judaismo insertados en la sociedad contemporánea, incluso desde lo religioso -explicó-. El judaismo no es una religión solamente: es una herencia, una cultura, ciertas comidas. Tratamos de conjugar esta tradición con la aceptación y la inclusión de la diversidad sexual." Difunden este modo de ser a través de películas y actividades culturales. "En Pésaj hacemos una cena entre los integrantes del grupo y cada uno trae sus propios platos. Siempre terminamos pasándonos nuestras recetas de la abuela", agregó.
Burman -quien retrató en sus films el espíritu de los judíos urbanos en Buenos Aires- se muestra reticente a definir con estos nombres a esta manera de ser judío: "Una categorización social como jewcy me parece artificial, ya que sólo expresa un fenómeno presente desde siempre en la cultura judía -aseguró el director de cine-. Al no existir una estructura burocrática que determine una sola forma del judaismo, se produce esta diversidad. Ser judío es formar parte activa de un gran caos". Aunque confiesa no saber preparar con rigor las comidas judías, se define como "un gran experto en comer esas delicias".
El festival de Pésaj Urbano fue un rotundo éxito y sus organizadores piensan repetir la experiencia en septiembre, cuando se festeja el Año Nuevo judío. La primera tanda de remeras con frases ingeniosas como "No sentimos coolpa", dice Freíd, "Moishe vique" o "Mi mamá me (11) ama" se agotaron. Ya preparan una segunda remesa para sacar a la venta porque son muchos los integrantes de la colectividad que quieren expresar su identidad cultural de manera abierta.